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¿Cómo superar la brecha digital? Un taller de iniciación

La brecha digital existente entre generaciones

Un punto conflictivo en nuestra sociedad, en nuestra era de la información, es la diferencia en destrezas y manejo de tecnologías a distintas edades. Encontramos, con facilidad, situaciones de aprendizaje entre familiares donde los más jóvenes y pequeños dan breves formaciones técnicas a los mayores. “¿El cacharro este cómo va?”. “Mamá, pero si es súper fácil!”. Así, algo simple, para un adolescente, es complejo para un adulto que se siente bloqueado por dos vías. Por no saber hacerlo y por ver lo fácil que es para otras personas. Cada cual gestiona esto como puede.

Aprendemos colectivamente e informalmente a desenvolvernos con la tecnología conforme nos encontramos con las dudas y problemas y los resolvemos. O no. Esta frustración es característica y puede paliarse con trabajos grupales e individuales conducidos donde reducir la sensación incómoda que tiene el usuario de tecnología. “Yo no sé nada”, pueden llegar a decir las personas al hablar de cómo funciona un móvil.

las exigencias de un mundo digital

El desarrollo de la tecnología ha sido descomunal durante las últimas décadas y como sociedad nos encontramos con cantidad de productos y servicios nuevos. Las personas más jóvenes las han descubierto durante su etapa más fértil, expansiva y capaz para el aprendizaje. Mientras que, desgraciadamente, el resto de generaciones han topado con estas tecnologías en etapas vitales donde el aprendizaje está algo más restringido y frenado. No pasa nada.

La posibilidad de aprender puede tener como inicio una incomodidad, como puede ser, la frustración ante dificultades cuando uso el móvil, la tablet y el ordenador. Es, desde allí, y con atención a no bloquearnos ni exigirnos demasiado, desde donde podemos poner en práctica un aprendizaje de prueba, error y consulta para superar esa incomodidad inicial.

Ocurre que, estas nuevas tecnologías, traen consigo también una transformación social y cultural. En concreto, me gustaría remarcar un aspecto de esta transformación. La velocidad. Parece que todo va rápido, que todo es ya, para ayer, que cualquier cosa es inmediata. Tranquilidad, por favor.

Una didáctica basada en lo cotidiano

A la hora de abordar, por ejemplo, una cuestión técnica como la diferencia entre WiFi y Datos Móviles, podemos complicarlo todo lo que queramos con una explicación basada en la ingeniería de telecomunicaciones o reducirla a un programa de mínimos. Siguiendo esta pauta, lo crucial, es comprender que el WiFi lo uso en casa y los Datos Móviles fuera de casa; que con el WiFi no me pueden cobrar de más pero con los Datos Móviles sí me pueden cobrar de más si veo muchos vídeos. Punto pelota.

Es probable, casi seguro, que la comprensión del mundo que nos rodea a los jóvenes esté viciada por aprendizajes técnicos por ser esta era tan tecnológica. Ahora bien, no somos el centro del mundo. Para otras generaciones, los usos cotidianos y la experiencia de uso es lo vital y no la teoría de los sistemas técnicos. De ser útil para la vida cotidiana propiciará aprendizajes, exactamente igual, cotidianos, naturales.

empezar la casa por los cimientos

Es, desde esa experiencia útil y cotidiana, desde donde se supera un primer bloqueo. El clásico “yo no valgo”, “yo no sé nada”. A partir de algo extremadamente sencillo como cambiar el tamaño de letra, programar una alarma o ver a una nieta en pantalla, se obtienen experiencias cotidianas favorables. Ver mejor los chats, no estar pendiente de algo, emocionarse al ver a un familiar que vive en otro país.

Recogiendo esa emoción de utilidad y de logro, fundando un hito por pequeño que sea, se pueden plantear una serie de avances posteriores. Cada persona, con sus particularidades, comprenderá conforme al uso cotidiano hasta dónde quiere profundizar en la tecnología. Según la edad, el entorno, la expectativa y la predisposición entre otras cosas nos abriremos a un ritmo u otro de aprendizaje.

El aprendizaje social y el buen clima en un grupo

Sabemos, por sentido común, y por investigación pedagógica, que el grupo, el contexto, nos ayuda a aprender. Por eso mismo, plantear una filosofía docente basada en el tacto con el alumnado y el respeto profundo por las diferencias, es necesario. Así, se crea el ambiente necesario para que los diferentes niveles de interés y los diferentes conocimientos previos tengan cabida.

La escucha activa debe fomentarse. A veces, simplemente, entendemos lo mismo con diferentes palabras y es interesante pararse por un momento para estar seguros de “hablar el mismo idioma”. Otras veces, una compañera ha aprendido hace poco a solucionar una cuestión que plantea un compañero y pueden colaborar espontáneamente. También, el docente puede aprender a mejorar su forma de transmitir al grupo, las palabras que menor confusión generan y las actividades que mayor fluidez y respuestas tienen en el grupo.

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